lunes, 5 de enero de 2009

¿Que es la verguenza?

Benjamín Franklin (1706-1790) fue editor, refinado intelectual, escritor, pensador, naturalista, inventor, educador y político. Proponía como proyecto de vida un pragmatismo ilustrado, asentado sobre el trabajo, el orden y la vida sencilla y sobria. Fue uno de los padres fundadores de la patria estadounidense y un participante decisivo en la elaboración de la Constitución de 1776. Ese mismo año fue enviado a Francia como embajador. Frecuentaba los salones y era celebrado como sabio hasta el punto de que el propio Voltaire, ya anciano de 84 años, salió a recibirle en la Real Academia.

Cierta tarde, se encontraba en el Café Procope de Saint-Germain-des-Près, cuando irrumpió salón adentro un joven abogado y revolucionario, Georges Danton, diciendo en voz alta para que todos lo oyesen: «El mundo no es más que injusticia y miseria. ¿Dónde están las sanciones?» Y dirigiéndose a Franklin le preguntó provocativamente: «Señor Franklin, ¿por detrás de la Declaración de Independencia norteamericana, no hay justicia, ni una fuerza militar que imponga respeto? Franklin serenamente contestó: «Se equivoca, señor Dantón, detrás de la Declaración hay un inestimable y perenne poder: el poder de la vergüenza (the power of shame)».

Es la vergüenza la que reprime el impulso a violar las leyes y frena la voluntad de corrupción. Ya para Aristóteles la vergüenza y el rubor eran indicios inequívocos de la presencia del sentimiento ético. Cuando faltan, todo es posible. La vergüenza pública obligó a Nixon a renunciar a la presidencia. Cada cierto tiempo, vemos a ministros y a ejecutivos importantes teniendo que pedir la dimisión inmediata por actos vergonzosos. En Japón llegan a suicidarse por no soportar la vergüenza pública. Sentir esa vergüenza es tener un límite intraspasable. Violado, la sociedad desprecia a su violador, pues sin límites no se puede convivir.

Por otro lado la vergüenza (lo mismo que la timidez) es inseparable del sonrojo y del rubor; lo que probablemente sea cierto en mayor o menor medida, es decir, que aunque la manifestación del rubor resulte más o menos nítida en cada cual, dependiendo de sus propias características fisiológicas, el sonrojarse mismo es seguramente una reacción por completo involuntaria (cuyo responsable es tal vez el sistema simpático) que se produce siempre que nos sentimos avergonzados o que determinadas circunstancias acrecientan nuestra timidez.

Y por esta razon, a veces o la mayoria de veces, es la mayor enemiga de la expresión de nobles sentimientos como la sinceridad, el amor, etc... . Es que nunca nos ha dado verguenza decir a una chica" te amo" (en mi caso es una chica) o decir la verdad, de como te cae una persona, decirle "eres un plasta" ; Y sobre todo nos da verguenza que nos digan que no y entonces habremos fracasado y los demas nos miraran mal y nosotros miraremos mal (no es hacerse el bizco pero casi) .

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